Desanclándose de mí.

Espero que jamás llegues a leer esto, o sí, no sé, espero ya no esperar nada. Ni siquiera de mí misma.
Sé que estás tan frío que quemas, claro que lo sé. No soy estúpida. Hasta el ciego más sordo podría haberlo sentido. Estás marcando distancias que antes no existían, y además, añades unas cuantas, por si faltaran. Me has bloqueado el acceso, vas a veinte por hora y esperas que yo empiece a correr.
Me has dejado con lo puesto y te has llevado toda la confianza que decías tenerme.
No exagero, sabes de que hablo, perfectamente. 
Dime que el miedo que nace en ti es solo por la locura en la que nos hemos metido. Dime que el problema no es que estés bien a mi lado, porque si estar bien es un problema yo sí que debería preocuparme contigo.
Creía que en esto se basaba todo, en nuestra confianza. En dejarte mis brazos para abarcar tu dolor sin que eso suponga firmar un tratado de paz. Pensaba que esto iba de no sentir, pero mantener esa línea pasiva de melancolía que nos ha unido siempre. Siento que me has echado hasta de las letras de tu nombre, sin darme opción a salvarme. 
Vuelves a tener el poder, es lo que te gusta, controlar la situación.
Pero ya te dije que eras libre, conmigo, libre.
Ahora pretendes serlo sin mí.
Lo he entendido, no creas, sé mucho más de lo que parece. Vivo en este mundo, a ratos, y te observo.
Quieres parecer el más valiente pero sientes más miedos que yo.
Y me esquivas la mirada, cuando antes apuntabas fijamente e invadías la intimidad de mis pupilas. Dime qué ha pasado, qué ha cambiado dentro de ti para sentir que ya no quieres sentirme. ¿Es eso? ¿Qué sientes algo en el vientre que te dice que estás bien? ¿Es eso? Dime, ¿De verdad has sentido tu sonrisa clavarse bien dentro? O quizá es porque el tratado ya no te convence.
Puedes huir, de veras, claro que puedes.
Haré como que no ha pasado nada entre nuestras manos cansadas, nuestras almas agrietadas, parecidas y diferentes.
Si sacas lo mejor de todos, como siempre dices, saca lo mejor de mí y llévatelo.
No me vale ser mi mejor versión a tu lado si giras la mirada y te haces llamar valiente.
Llámame loca, absurda, mentirosa, triste, esquiva, pero déjame decirte que no sé separar la ternura que te tengo con la pasión que me quema el pecho cuando tus dedos rozan la sal de mis heridas.
Llámame incoherente pero me habías hecho sentir una paz que no sentía hacía ya mucho tiempo.
¿Es por eso?
¿Por eso te vas?
¿Por eso vuelves solo para jugar con todo lo que hay? 
¿Por eso has cambiado las cartas? ¿De ahí viene la jugada?
He dejado de entenderte, de veras. No sé qué te está pasando. Qué escondes en esa mente complicada, sacada del espejo que refleja la mía.



¿Por qué abandonas esta cuerda? ¿Por qué abandonas el tira y afloja que nos condenaba a diario?
¿Qué hay de nuevo en ti para rechazar la risa que unía nuestros impulsos? 



¿Por qué te vas si había empezado a verte reír de verdad? 
Hacía mucho tiempo que no te había visto reír así,
pero supongo que ya no importa,
porque te vas.





Comentarios

Entradas populares de este blog

Ni novios, ni amigos, ni colegas. Somos lo que el tiempo deja.

Si algún día te preguntan por mí.

Palabras que te mereces aunque no lo sepas.