domingo, 2 de agosto de 2015

Cuando tus ojos de gato se quedan conmigo.





Que me hubiese encantado, digo, que alguien hubiera podido luchar
por mí hasta el último suspiro.
Que sentía que me quemaba el pecho
cada vez que veía
en otras bocas
lo que yo ansiaba
y jamás tenía.
Que me mataban las prisas
y tropezaba en silencio
con sonrisas que no me han dado nunca nada
y se lo han llevado todo.

Tuve que reconstruirme, y joder, cómo cuesta
poner todas las piezas que no encontraba,
el puzzle incompleto del silencio
hecho tristeza en noches de domingo
en las que esperaba una llamada
y no llegaba.
Larga espera, mil estaciones,
me arrancaba primaveras
el invierno que se instalaba
cada verano en la despensa.

Después del llanto vino el miedo,
y después,
la nada,
el vacío
que te queda 
cuando no tienes nada
y ni siquiera
extrañas
el momento
en que reías sin consuelo.

Me he roto las alas
y le temo
al sentimiento
que nace y se deshace
en el pecho.
Me quemaré 
de nuevo
mirando unas pupilas
que me traigan
el dilema
de si lanzarme a la piscina
aunque jamás sepa
si está llena. 

Es la historia de siempre
pasada a limpio
después del borrador
de mis poemas.
La de siempre,
sigo siendo la de siempre
pero con menos
sentido
y más dispuesta.
Con las dudas disueltas
si oigo una risa lejana
que me da la paz
que ansiaban mis manos.
Entonces un silencio
se apodera
de mi mente
y por unos segundos,
quizá minutos,
se deshacen todos los nudos
que me aprietan.
Joder,
no podré ponerle nombre
a algo que se tiene
sin tenerse
y se vive sin morir.
Volverás a desarmarme
volveré a cargarme el mundo
y chocaremos de nuevo
ante el silencio que nos condena
por querer lo que queremos
sin tenerlo.
 No quiero que nadie me entienda,
o sí,
no sé,
tan solo hay silencio.
Encadénate conmigo a esta tortura
que es mirarte desnudo ante
las dudas.
Preguntarme por qué 
te conozco desde siempre
y parece que fue ayer
cuando me dijiste tu nombre.
Por qué parece que se difumine el pasado
cuando tus ojos de gato
se quedan conmigo.


Hemos tentado a la suerte
y es ella la que juega
con nosotros.
Tic-tac.
No tenemos tiempo
y a la vez
lo tenemos todo.
No sé sentirme
ni quiero saber
lo que siento
porque siento
que no hay nubes
en la tormenta
que me has dejado a destiempo.










¿Qué han sido? ¿Diez besos?
Y se congela el tiempo.
Perdidos sin encontrarnos
ni buscar la salida
en este laberinto
de incertidumbre
en el que nos escondemos.















No hay comentarios:

Publicar un comentario

abrumador

Quizá pueda sonar raro, pero cuanto más cerca estoy de ser aquello que he deseado ser desde que mi uso de razón se coló en esta habitaci...