Y ahí está la chica que decía que nunca más iba a soñar, soñando.
Llena de miedos, como siempre, sin pronunciarlos.
Delante de un vacío que grita demasiado.
El ruido del silencio se hace insoportable.
Las alas empiezan a olvidar cómo era moverse
sin volar.
Ella espera, paciente, que todo pase,
que la calma le gane el pulso
esta vez
a la tempestad de sus recuerdos.
Y descanse en paz la guerra que se coloca en sus hombros
cada vez que abre los ojos por las mañanas.
La realidad se ha hecho tan insoportable
que cree que ha olvidado todo lo malo
solo para no tener que recordarlo.
Ya no le habla a nadie de todo lo que fue
ahora habla de todo lo que será.
Y el presente es solo un billete barato de ida,
que no tiene que ver con el de vuelta.



Se ha convertido en una chica fría
que ya no abarca calidez en su pecho.
Solo vive porque sabe que algún día
cuando ría
volverá a ser feliz,
y esta vez sin fingir
que es de verdad.

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